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El Ejecutivo central ha descartado por el momento la posibilidad de activar el estado de alarma en Cataluña, a pesar del agravamiento de la crisis hídrica que afecta a la región. Aunque la situación es considerada extremadamente delicada, fuentes del gobierno han señalado que se mantiene bajo control mediante la coordinación entre administraciones, y que no se contempla, al menos por ahora, una medida de excepción como la declaratoria de estado de alarma.

Las declaraciones surgen en un contexto de creciente tensión por la severa sequía que afecta a gran parte del noreste español, en particular a la cuenca del río Ter-Llobregat, que abastece a millones de personas en el área metropolitana de Barcelona y otras zonas urbanas y agrícolas de importancia estratégica. A pesar de las recientes lluvias que han ofrecido un leve alivio, los embalses continúan por debajo de niveles aceptables y las restricciones siguen vigentes para sectores como la agricultura, la industria y el consumo urbano.

El gobierno central ha expresado una «gran inquietud» por el desarrollo del fenómeno, aunque se recalca que las herramientas legales y administrativas vigentes son suficientes para abordar la situación sin recurrir a medidas extraordinarias. Se ha subrayado la importancia de proceder con cautela y de manera coordinada, respetando las competencias autonómicas y evitando decisiones que puedan percibirse como una interferencia en la gestión territorial del recurso hídrico.

El Ejecutivo ha recordado que el estado de alarma, contemplado en la legislación como un instrumento de carácter extraordinario para situaciones de grave riesgo, debe ser aplicado con criterios jurídicos estrictos y bajo condiciones específicas. Aunque existe el precedente de su uso durante la pandemia de COVID-19, se considera que la sequía, por grave que sea, todavía puede ser abordada con las herramientas ordinarias disponibles en el marco autonómico y nacional.

Las autoridades de Cataluña han solicitado más rapidez en la implementación de proyectos de conexión hídrica, nuevas instalaciones de desalación y expansión de las plantas de tratamiento de aguas residuales, algunas de las cuales tienen apoyo económico del Estado y de fondos de la Unión Europea. El gobierno nacional ha confirmado su intención de cooperar y agilizar estos procedimientos, pero también ha señalado que la gestión directa del agua es responsabilidad de la administración regional.

En paralelo, se ha puesto en marcha un grupo de trabajo técnico entre ambas administraciones, con participación de expertos del sector hídrico, que evalúa escenarios de mediano y largo plazo. Entre las medidas propuestas figuran inversiones en tecnología para el ahorro y la eficiencia, la modernización de redes de distribución, y campañas de concienciación ciudadana sobre el uso responsable del agua.

El efecto de la falta de lluvias ha sido especialmente intenso en las áreas rurales, donde las asociaciones de agricultores advierten sobre pérdidas económicas significativas en sus cosechas y una reducción en la generación de alimentos. Las limitaciones en el uso del agua, junto con temperaturas altas y una primavera inusualmente seca, han causado una situación crítica para numerosas explotaciones agrícolas. Criadores de ganado y productores han reportado problemas para asegurar el agua necesaria para sus animales.

En áreas urbanas, a pesar de que no se han registrado interrupciones masivas, se han implementado limitaciones en el consumo de agua para actividades no esenciales, como regar jardines, llenar piscinas o lavar automóviles. Las autoridades locales han aumentado sus esfuerzos de monitoreo para asegurar que estas restricciones se cumplan, con el fin de prevenir un escenario más grave en la temporada de verano.

Mientras tanto, expertos en cambio climático advierten que este tipo de fenómenos serán cada vez más frecuentes si no se adoptan políticas estructurales para gestionar el agua como un recurso limitado. Señalan que, más allá de la emergencia actual, se requiere una visión estratégica que incorpore la sostenibilidad hídrica como un eje central en el diseño de infraestructuras, el modelo agrícola, el desarrollo urbano y el consumo energético.

Si bien la declaración del estado de alarma se ha descartado por el momento, se continuará vigilando de cerca cómo evoluciona la situación. El gobierno ha manifestado que, si las condiciones se deterioran, se evaluarán todas las opciones disponibles para el Estado, siempre con el fin de asegurar el suministro de agua a los ciudadanos y reducir al mínimo los impactos económicos y sociales causados por su escasez.

By Gabriela Martínez Estrada

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